CERCA DEL INFINITO: EL REINO DE ZELL

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EL REINO DE ZELL

9 de noviembre de 2012

- Buenas noches, Karen

- Buenas noches, mamá.

Se despidió dejando el salón y a su madre tenuemente iluminados por la luz del televisor. Era pronto, pero tenía una tarea pendiente, al igual que todas las noches.

- Hoy os toca a vosotros - un susurro casi inaudible.

Karen cogió un libro de la estantería. Un libro ajado y viejo se abrió paso entre el resto, colgado de los frágiles dedos de la joven.

Se tumbó en su cama a la vez que abría el libro, y una vez más se concentró para conseguir aquello que deseaba. Cerró los ojos y se dejó llevar. Comenzó a sentir la ya familiar brisa azotándole la cara, dejando ondear algunos de sus cabellos al viento. Después, solamente una sensación de vértigo. Pero no abrió los ojos, nunca lo hacía.

Y por último, el gran reposo del sol acariciando su rostro. Entonces sí, se concedió a sí misma el don de la visión.

Se puso en pie de nuevo.

El sol brillaba, imponente, desde su trono del cielo; y ante sus ojos, el reino de Zell.

- ¿Dónde ha estado, Majestad? - un hilo de voz jadeante llamó su atención desde aproximadamente su cintura - casi se retrasa, estuvimos a punto de empezar sin usted. Además... - el pequeño ser evaluó su atuendo con desaprobación - aún está por vestirse.

Karen sonrió. Ni Lazarus ni ningún otro habitante de Zell, ni de ningún otro libro entendería la existencia de otro mundo, y menos de uno tan extraño como el mundo real.

- Tienes razón, vamos - emprendió el camino hacia el palacio de Zell, dejando una misteriosa cama a sus espaldas, a las puertas del reino.



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